CAPITULO 2: LOBO JOVEN, LOBO DEBIL
Jun, tumbado sobre la hierba y recibiendo con gusto el calor del sol, observaba al resto de la manada. Astuc había asumido muy bien su nuevo papel; guiaba a varios lobos del clan, los llevaba a patrullar los alrededores; marcaba las zonas cuyo olor aún hablaba de Gan.
Lo echaba de menos. Era extraño no ver la silueta del lobo gigante asomándose en la cresta de la montaña quebrada, vigilando con ojos dorados sus dominios, cortando el viento en busca de olores y aullando al bosque, un aullido que anunciaba que aquellos eran los dominios del lobo gigante.
Ahora el lobo blanco se asomaba a la cornisa, y buscaba olores, y aullaba, pero no era como Gan. También Irana debía de haberse dado cuenta, ya que a veces Jun la observaba por la noche, sóla, paseando por los alrededores y buscando los olores que le hablaran de su Gan.
La primera cacería de Astuc había sido un éxito, habían tumbado un jabalí débil y anciano. A media mañana, con el estómago medio lleno y el sol acariciando su pelaje Jun sentía cómo cedía al sueño. Los demás lobos no le habían molestado desde la subida de Astuc ya que estaban en tensión, peleando por un lugar en la jerarquía, por detrás de Bato y el nuevo gran macho. El lobo más débil del clan no era una amenaza, y como aún no escaseaba la comida ni las hembras estaban receptivas, Jun disfrutaba de un periodo de paz, algo alejado del resto de la manada, pero tranquilo.
Percibió un atisbo de olor… Alzó el rostro y cortó el viento, captando un aroma que le hablaba de sangre fresca. Se levantó tras asegurarse que no le seguían, y comenzó a bajar por la ladera, siguiendo aquel rastro, avanzando a un trote silencioso; le llegaba el olor de la hierba fresca que se ocultaba bajo la capa de hojas secas, y por encima de estos olores las marcas moribundas de Gan y las recientes marcas de Astuc.
Llegó al punto donde el olor lo llenaba todo, un reclamo demasiado poderoso para resistirse. Empezó a salivar. Se fue moviendo sigiloso, a través de matorrales…
- ¿Dónde crees que vas? – Le preguntó una voz desde algún punto sobre su cabeza. No le gustó nada cómo sonaba.
Se alejó unos pasos y paseó la vista por encima de una roca. Y allí había un felino tan grande como él, un lobo joven. Retrocedió un paso.
- ¿Nunca has oído hablar de Grangato? – Le preguntó, chorreándole sangre por la barbilla.
- ¡Tú no eres Grangato!. – Le respondió con un gruñido. ¬– Grangato jamás se acercaría tanto a la montaña quebrada.
- ¿Ah, no? – Dejó los restos de su presa y bajó de un salto, veloz y ágil. Esa mirada le dio escalofríos, e hizo que se le erizara el lomo. – Muerto el lobo gigante, Grangato es libre de matar donde quiera. – Caminaba a su alrededor, ajeno a los gruñidos de Jun. – Dime, ¿Has venido a reclamar mi presa?. – El felino miró por encima de Jun.
Un olor precedió a la voz de Astuc. Venía sólo, y en su mirada no había temor.
- ¡Quieto, Grangato!. No te atrevas a acercarte a un lobo de mi clan, porque lo pagarás caro.
Grangato saltó y subió de nuevo a su roca.
- Muy temerario eres ahora que ha muerto Gan. – Le enseñó los colmillos – Ni se te pase por la mente que por someter a tus lobos puedes enfrentarte al poder de Grangato. – Siguió arrancando pedazos del cuerpo de la presa – El lobo gigante era un guerrero. Tú sólo eres un lobo.
- Como quieras. – Contestó Astuc y se dio la vuelta. Jun se puso en marcha. Cuando hubo dado unos pasos Astuc se giró – Pero, te aconsejo que la próxima vez que te vea estés lejos de aquí. Porque como bien dices yo soy sólo un lobo. Pero, diez lobos forman manada, y no querrás enfrentarte a una. ¿Me equivoco, Grangato?
El felino lo miró como distraído.
- Sea pues. Cuando el bosque me cuente que vais en manada me apartaré y os dejaré pasar, ni sabréis que os vigilo escondido. Ahora, – Le advirtió – pobre del lobo que camine sólo en la espesura del bosque, mi bosque, y no mire hacia atrás, atento al cazador silencioso.
Las palabras se quedaron flotando en el aire unos instantes, hasta que Grangato desapareció llevándose su presa entre la maleza, sigiloso. Astuc se fue caminando despacio, aunque Jun hubiese preferido que corrieran. Estaba nervioso y quería volver cuanto antes a la seguridad de la montaña quebrada.
- Ten cuidado, Jun. – Le miró a los ojos – Eres aún muy joven, y podrías convertirte en una presa fácil, no lo olvides.
- Lo siento, Astuc. Era ese olor, no pude resistirme.
- Ja,ja,ja. Cómo me recuerdas a mí cuando era joven. – Había algo en cómo olía que le tranquilizaba. – Tan curioso.
- Astuc, ¿por qué Grangato se ha acercado tanto?. ¿Acaso no nos tiene miedo?
- Grangato sólo temía a Gan. El lo ha dicho muy bien. Gan era un guerrero. No era sólo por el tamaño y la fuerza. El interior de Gan albergaba un lobo guerrero, temible, poderoso, que hacía que el bosque temblase a su paso. En cambio nosotros tan sólo somos lobos.
- ¿Es mejor ser guerrero o lobo?
- Ja,ja,ja. Buena pregunta, Jun. Depende de a quién se lo preguntes. Un guerrero tiene lo que quiere, y nadie se le opone. Si eso es lo que quisieras, entonces mejor ser guerrero. Ahora, un lobo vive más tiempo. El lobo deberá rendirse ante el poder del guerrero, y no podrá enfrentarse a rivales como Grangato. Pero, el hecho de huir en vez de enfrentarte a todo hace que los lobos vivamos más tiempo que los guerreros. Si lo que quieres es vivir más tiempo, entonces mejor ser lobo.
- ¿Cómo comparar temeridad y prudencia? – Le preguntó Jun, que ya había empezado a entenderlo.
- Sí, temeridad y poder, con prudencia y longevidad. – Hizo una pausa. Levantó la pata y marcó un árbol despojando la marca de Gan – De todas formas, también se puede ser poderoso siendo lobo.
Al llegar a la montaña quebrada los demás lobos acudieron a saludar a Astuc, y a él le gruñeron y le obligaron a retroceder, hasta expulsarlo a su lugar en la loma, de nuevo al calor del sol y a la soledad de un lobo débil y pequeño. Estuvo persiguiendo una mariposa un rato, pero desistió al ver que cada vez volaba más alto.
Le llegó un olor que hablaba de juventud, de hembra. La hija de Irana, Neade, sucedería a su madre en poco tiempo. Era hija de Gan, y sus ojos mostraban un ímpetu guerrero en un cuerpo joven.
- ¿Qué haces? – Le preguntó Neade a Jun al verlo excavar en el suelo.
- Nada que te interese. – Le respondió mirándola de lado mientras seguía excavando.
Neade se acercó un paso, y Jun le enseñó los dientes.
- No te acerques… – Le dijo entre gruñidos. La hembra lo miró, probablemente extrañada ante esa muestra de valor.
- ¿Jun, el lobo débil, se atreve a desafiarme? – Neade arrugó el hocico mientras se acercaba para ver qué enterraba Jun.
- ¡He dicho que no te acerques…! – Le empujó y la lanzó rodando por el suelo.
La situación se volvió confusa cuando Neade estaba a punto de levantarse e Irana le saltó por encima. Jun agachó las orejas y retrocedió, pero Irana le mordió en el cuello, y no lo soltó hasta que los gemidos que emitía hicieron llegar al gran macho.
- Suéltalo, Irana – Le ordenó Astuc.
- ¡No! – La gran hembra olía a rabia.
Jun gimió más alto, perforado por el dolor de los colmillos de la gran hembra.
- ¡He dicho que lo sueltes! – El gruñido de advertencia bastó para que Irana cediera en su presa, y soltara su cuello. Jun escondió el rabo, agachó las orejas y salió corriendo al interior del bosque, bajo la ladera de la montaña.
Seguía gimiendo, el dolor cesaba a paso lento, y la sangre estaba dejando unas huellas que delataban su paso. El único olor que le llegaba era el suyo propio, de miedo y angustia. Encontró un hueco bajo una roca y se tumbó allí. Empezó a lamerse la sangre de la pata. Estaba temblando aún cuando escuchó el aullido del lobo negro en la lejanía. Agachó la cabeza e intentó conciliar el sueño. Un sueño que no tardó en llegar.
La luna empezaba a asomarse cuando despertó. El bosque estaba en silencio, en calma, pero el olor que llegaba le hablaba de actividad nocturna, de presas silenciosas, y de cazadores más silenciosos aún. Al mover el cuello sintió un pinchazo que le hizo gemir, pero se puso en pie y comenzó a caminar hacia donde estaba el resto del clan. Se sentía débil, hambriento y sediento, así que decidió ir primero al pantano a saciar su sed. Le llegaban sonidos de las ardillas correteando sobre su cabeza; y aves aleteando por encima de éstas, sobre las copas de los árboles. Llegó al pantano y comenzó a beber, mirando de reojo, pero no le llegaban más olores que el del agua y el barro. Sobre la superficie brillaban puntos luminosos, y un camino blanco que se ondulaba con el viento. Se disponía a irse cuando un movimiento a lo lejos, en la otra orilla del pantano, atrajo su atención. Se quedó quieto, en silencio, observando a los recién llegados. El olor que llegaba hablaba de ciervos, jóvenes y adultos. La cornamenta del más grande era sobrecogedora. Jun no podría abatir a ese individuo. “Sólo Gan o Astuc junto a otros lobos del clan podrían”. Al lado del macho iba una hembra, también grande, también difícil de cazar.
Deberían oler su presencia, la sangre le delataba; pero, no huían. Seguramente no le temían, su olor no hablaba de un guerrero, sino de un lobo joven y herido.
Del cobijo del bosque empezaron a salir más ciervos, algunos jóvenes, otros adultos, vigilando todo a cada paso. Pero, hubo uno, diminuto al lado del resto que le llamó la atención. Con ese sí que podría… Si consiguiese apartarlo del resto de la manada. O quizá si lanzase un aullido, igual acudirían los lobos de su clan. Los ciervos huirían al oírlo, pero podrían seguirlos y darles alcance.
A pesar del dolor que le sobrevino en el cuello aulló. Y los ciervos se movieron inquietos antes de irse al galope, desapareciendo de su vista en unos instantes. Astuc respondió a su llamada, pero su aullido era de reclamo. No acudirían, Jun no era un lobo que iniciase una cacería. Era un lobo joven y herido. Volvió a beber unos tragos de agua y remontó la ladera hasta donde aguardaba el resto del clan.





Se echan de menos los cuentos de Can , el google y las busquedas de Lobos me han reconducido a aqui despues de un tiempo
Por: Ata el Martes, 23 Diciembre, 2008
a las 0:52