En la línea del anterior artículo, voy a hablar de perseguir los sueños.
Yo me caracterizo por ser de los que se plantean objetivos y van a por ellos, o lo intento, sin preocuparme por las consecuencias.
Todos recordaréis el anuncio de Cocacola Light, la chica que se dejó quinto de derecho para estudiar veterinaria, y aparecía en un Jeep en Africa, cuidando de un animal salvaje (un chimpancé, creo).
No sé a vosotros, pero a mí me hizo pensar. Los humanos tenemos miedo a los cambios, a perseguir los sueños por miedo al fracaso. Y entonces negamos los sueños. Sin pensar que esos sueños pueden ser manifestaciones de tu mente inconsciente que te intentan poner en tu camino. Por eso cuando piensas en otro tipo de vida tu corazón se acelera.
A eso le llamo yo los sueños. Y muchos los temen, y no se permiten pensar en ello. ¿Y si sale mal, y si no soy capaz, y si mi novio me deja, y si mi madre, y si, y si, y si…?.
Te repito lo de antes. Un día vas a morir, te lo garantizo. Entonces dará igual que hayas perseguido tus sueños o que no. Pero, mientras vives, ¿no sería increíble lanzarte a por ello?. Piénsalo, permite a tu mente que construya esa realidad alternativa…
No Deberíamos temer las consecuencias. Si tienes que dejar atrás una vida (sea o no miserable), pues hazlo. No vas a fracasar, un lobo no fracasa cuando combate un territorio. Se retira y buscará otro, así hasta que muera. Las consecuencias no son nada, lo único importante es que morirás, y todas tus precauciones habrán sido en vano, porque ya no te importarán.
No deberíamos lamentarnos por lo que perdamos, sino que deberíamos luchar por nuestras metas, pues dentro de nosotros sabemos que vale la pena. Sino me crees, entonces dale una oportunidad a tu mente, déjala volar, imagínate libre de las cargas que te pesan, sean estudios, trabajo, familia, y verás qué sorpresa te llevas. Imagínate en el lugar y momento que quieras, en este mundo o uno imaginario. Imagina quién te gustaría ser. Eso son los sueños, y a partir de ahora deben ser nuestros objetivos.
Persigámoslos hasta que muramos.




