Canto a los fantasmas de la ciudad.
Cada noche los fantasmas de la ciudad se adueñan de las aceras
Brillan sus ojos en la oscuridad, la soledad es su única compañera
Nada rebela la presencia del que acecha, acallan sus garras el grito de las presas,
Saciado su hambre se alejan en silencio y a las sombras regresan,
Pues la noche da paso al día, y bajo el sol sus tierras
Se reducen a oscuros rincones y fuera, es la parca quien acecha y quien espera
Erguida sobre dos patas, dando caza al cazador, amansando a la fiera
que la prueba no supera.
Demonios y ángeles, veneno y comida, golpes y caricias, quien pudiera
Conocer la intención que los ojos no rebelan…
Y como cada noche, los fantasmas de la ciudad se adueñan de las aceras
Brillan sus ojos en la oscuridad, la soledad es su única compañera
No miran a los caídos, dejan atrás sus cuerpos inertes
Más como dice la canción, ellos son novios de la muerte.






